sábado, 13 de agosto de 2016

Sentía algo raro en su cabeza, no sabía exactamente donde pero esa maldita molestia toda la semana ya había roto su cotidiana y frágil paz interior y no soportaría un segundo más así, Él se quería como antes, no como estaba ahora. Se dirigió con pasos firmes al baño tomó la navaja de afeitar y comenzó su tarea, en un principio sus mejillas, pómulos no fueron problema, el mentón costó un poco más pero no había caso la incomodidad seguía implacable, en su desesperación por acabar pronto  terminó por cortar su labio superior. Que desilusión ahora estaba sangrando, afeitado y nada había cambiado  se miro nuevamente al espejo y tuvo un chispazo de iluminación, esas cejas esas maldita y feas cejas siempre le habían molestado, que inexpresivas, había que sacarlas. Zas Zas!, en dos maniobras perfectas de la navaja, las quitó. Ni un solo pelo sobre su frente, las malditas cejas en el lavatorio y la incomodidad aún en su cabeza, ya desesperado e impaciente comenzó a raparse, al mismo tiempo comenzaban a brotar algunas lágrimas de impotencia.
Salvo sus pestañas no había bello alguno en su cabeza, la piel de su cráneo brillaba, él rabioso, enajenado lanzó un grito desgarrador que resonó de inmediato en las baldosas del baño corrió desesperado a la cocina, se armó con el cuchillo mas filoso que tenía, que solo usaba para la carne, era perfecto. Volvió  a tropezones al baño  hizo el primer corte en la frente, en dirección horizontal como dibujando la parte superior de una máscara, la sangre broto en seguida, a ratos lo cegó pero luego logró controlarla con una toalla y un poco de vodka. El segundo corte, en la parte superior de su cabeza, intentaba, muy dificultosamente seguir la sutura sagital.
Desmayo, charcos de sangre y el cuchillo en el suelo, a los minutos de recobrar la conciencia repetía incesantemente "esta ahí, esta ahí, lo se, te voy a sacar pensamiento hijo de puta" camino como pudo al cuarto de las herramientas, sentía como los colgajos de piel arrancados golpeaban sus orejas con cada paso, a la vez que el suelo se tornaba húmedo y aceitoso por la sangre. Tomó un martillo y un destornillador, el cual pensaba ocupar como un cincel volvió al baño y mirándose nuevamente al espejo rompía su cráneo cual escultor en piedra de mármol, Cada martillar resonaba intensamente en su cabeza y hacia que su cuello de hundiera levemente. al comienzo solo sacaba pequeñas astillas de hueso y poco a poco logró dar forma a una pequeña tapa del tamaño de su palma, la cual quito lentamente con una enfermiza y desfigurada sonrisa en su rostro, la herida de su labio ya había dejado de sangrar, en vez de eso estos habían palidecido y su temperatura había bajado unos cuantos grados de temperatura.
Era el momento culmine, tenia frente a sus ojos al malvado gestor de esos horribles pensamientos, fuente de su incomodidad, desgraciado ladrón de su paz " te cociste conchetumadre". Los dedos de su mano derecha logró incrustarse en su cerebro como intento por desgarrar parte del lóbulo frontal.
Antes de su muerte alcanzo a articular su ultimo pensamiento: Que alivio.

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