Dicen, que en todas las casas con más de un hijo, habitan temibles criaturas que gustan de ocupar la ropa de los primogénitos que ya han migrado del nido materno para su abrigo en épocas de invierno. Con el triste desenlace de que en alguna visita esporádica de sus hermanos, encuentren su ropa pasada a poto y cigarros.
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